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Con un par de cómics

Sabéis que desde hace un tiempo me estoy aficionando de manera irracional al cómic, o a la novela gráfica, no sé cómo llamarlo. Sabéis que los cómics que voy leyendo los comento desde aquí, por si a alguien le apetece introducirse en este género. Sabéis que los comentarios que hago sobre los cómics son de lo más ingenuo, no tengo ningún bagaje, o como llamen a eso de haber leído mucho, no conozco tendencias, temáticas recurrentes, estilos definidos o sin definir, y me gusta poner aquí, precisamente, lo que me producen. Sin más. Os dejo las impresiones de los dos últimos cómics que me he tragado. (Se me pasó Pyongyang de Guy Delisle, que es una delicia y una risa).

La tetería del oso malayo es una historia de historias, aquella fórmula de la narrativa en la que un escenario sirve para trazar miles de historias, en mil y una noches, y en muy diferentes siglos de narrativa popular. La tetería es el nudo gordiano de todas las microhistorias que propone David Rubín. De una manera más que natural se unen seres humanos y animales en una especie de comunidad, o como dice uno de los personajes, en ese consultorio psico-anímico que es la tetería del oso malayo. Una mezcla de superhéroes con problemas, de humanos animalizados con leyendas e historia genealógica, fantasía animal y brutal, humana...Las cosas que terminan por romperse, Patacas, Órdenes, Gira la llave. La tetería y el Sr Sigfrido que es el regidor invitan a pasar, a pedirte algo y a contar lo que te hace pasarte la mano continuamente por la frente y la nuca mientras él, Sigfrido, te escuchará mientras las suyas, sus manos, secan vasos con un trapo.

Algo sobre David Rubín, su blog.

La tetería del oso malayo, David Rubín. Atisberri.


Un zoo en invierno es una novela gráfica, por lo que he leído, de las que llaman costumbristas, no lo sé, el caso es que a mí este autor, Jiro Taniguchi me produce una mezcla de complacencia y de melancolía, quizá porque el primer cómic que leí (no de pequeño, claro, sino ahora) fue Barrio Lejano, y fue para mí un descubrimiento, un cambio de visión espectacular hacia el género del cómic. Me descubrió entonces, Barrio Lejano, un tempo que yo no concebía en una secuencia de viñetas, una narrativa sin armazones, sin imposturas, sin más estímulo que la historia, real o no.

A pesar de que los personajes están muy estereotipados, las costumbres japonesas se dejan ver, los parques, la vida en ellos, las relaciones familiares, en Barrio Lejano como en Un zoo en Invierno. Y sobre todo tiene relevancia, en éste último, la importancia de la creación de lo que ellos conocen como Manga, la importancia dentro de su sociedad y dentro de las artes que adoran tanto como otras artes que son milenarias. Es una historia donde la pasión por el dibujo y el amor hacen que surja esa complacencia de la que hablé antes, me tranquiliza este autor, me acerca al rato sosegado que tanto añoro en ocasiones. Medicinas cotidianas ¿no?.
Lo único que me ha disgustado en esta ocasión ha sido la traducción de algunas expresiones de carácter desenfadado que han dado en quedar, como no podía ser de otra manera en estos casos mal llevados, obsoleta.

Un zoo en invierno. Jiro Taniguchi. Ponentmont

( Gracias a la gran variedad que hay en SUBTEXTOS, y UN CUARTO PROPIO; Ciudad Real )

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