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Edvard Munch en carnavales

Este fin de semana ha sido el de la festividad del Carnaval, y puesto que se trata de una fiesta de la expresión, del color y de la inquietud, al menos para mí, he decidido ir a buscar a uno de los más representativos pintores expresionistas: Edvard Munch.

Para encontrarme con parte de su obra he tenido que desplazarme a Génova. Decir que esta es una extraña ciudad puede ser una obviedad, o un topicazo digno de aquel que no viaja demasiado; sin embargo, puedo decir, que después de ver muchas extrañas ciudades, Génova es una de las más raras. Está parada, oblicuamente parada, y os aseguro que yo he visto muchas ciudades que también estaban paradas, por fuerzas telúricas unas, como el caso de Atenas, por mandato histórico como el caso de Sarajevo, o por decisión propia como puede ser el caso de Turín (Ciudad Real la dejo para otro análisis más profundo). Sin embargo, Génova parece parada porque no hubiera más gobierno que el de la propia inercia de la gente al andar en contra del viento del puerto. Salir y entrar del metro de Génova (paraíso del embargo) por ejemplo, es un ensayo ante el desastre nuclear. Es la expresión de la vacuidad en la plenitud, es una doblez inmediata. Es un abandono que expresa. Definitivamente Génova es un lugar perfecto para alojar la obra de Munch. Por su extraño vacío, por su expresión silenciosa, por la ingratitud de su humedad, su sal, su viento, y por el corrosivo orín de la gente en sus esquinas.

Y precisamente de todo eso, de la intemperie, del abandono y de las inclemencias quería hablar, o más que hablar: preguntarme-preguntaros. Sin duda iba más que dispuesto a ver algunas de las piezas clave de la obra de Munch, no tanto, debo decir, de la producción a óleo (en ocasiones cometemos el error de considerar obra finalizada aquella que está acabada en óleo), sino aquellas obras (litografías, xilografías, aguafuertes) que hubieran originado esa condensación del color y la expresión que tanto nos inquieta en cuadros como "el grito", "angustia"  o su "madonna" con o sin espermatozoides. La disposición hizo, por ejemplo, que me detuviera en detalles que en otras ocasiones me habrían pasado desapercibidos, como el demoledor trazo de los ojos de la "hermana enferma" que me ha golpeado duramente, o su tardío problema de visión plasmado en los retratos de sus amigos. 



Pero a mitad del recorrido, después de introducirme en el dolor de la pérdida de su hermana y la obsesión fatidica por la levedad del ser humano y por la enfermedad, después de observar la duplicidad de sus litografías y de su camino particular y contracorriente, me encontré con unas fotografías y una reflexión que me hicieron pensar, o mejor, preguntarme sobre la poesía.


En esta imagen vemos al propio Edvard delante de muchas de sus obras, con una actitud de trabajo perfecta para el desarrollo de las mismas, con las pinturas distribuidas perfectamente, bien colocadas: expansión de la soledad en madera. Pero hay algo que llama nuestra atención, el vestuario de Edvard. Está abrigadísimo porque no solo está al aire libre, sino que además todo está lleno de nieve. Evidentemente esto no es casual, un pintor como Munch, con la edad que parece tener en la fotografía, alberga la suficiente experiencia como para estar preparado para resguardar su obra, tanto si cayera una repentina nevada como si un loco pintor noruego hiciera de censor ante sí mismo. 

La razón por la que Edvard permanece con su obra al aire libre ante una tremenda nevada es sencilla y dura al mismo tiempo: el pintor tomó la decisión de exponer sus obras a las inclemencias o bondades del tiempo. Consideró apropiado someter su técnica al frío intenso, al calor, al sol, a la luz de la primavera, a la humedad del otoño, a la ruindad y fiereza de la noche y a las impurezas que pudieran amenazar a la propia obra a través de la casualidad y la ventura. Espacio y tiempo (en este caso tiempo meteorológico). Una decisión tan ancestral como la de dejar la carne de la caza encima de una piedra, para después consumirla con la particularidad y las particularidades. Un gesto natural, de sosiego, de calma y confianza (toda aquella confianza que le fue arrebatada cuando su hermanita abandonó el mundo acuoso de los fiordos y seco de las mantas del lecho). Una actitud sencilla y humilde ante su producción y la relación con el mundo que lo rodea. Mejor...esa costumbre la tomó hacía muchos años, ya que también él se sometió a la inclemencia y la intemperie para expresar cuanto tuvo necesidad.

 
Después del recorrido, mi regreso en tren fue abrigado, cubierto de preguntas, de cuestiones que aún hoy no he terminado de resolver. Mientras salía de la ciudad de la expresión estática, del gobierno de lo inmóvil y de la imagen de la sal incestuosa, ya atardeciendo, pude echar un vistazo, desde el puente que une la ciudad con el resto de la península itálica, a la escalada de casas amarillas, y al lejano mar que mangonea. Y pude, vive dios, oír un grito desde la más honda de las verdades que se vino conmigo y que añoraba su origen y sus respuestas: ¿Qué clase de intemperie, de verdad natural, de estación cíclica, de gradación temporal o de viento inclemente, necesita un poema para afrontar el tiempo, ahora sí, físico?


Movimiento de tierras

Ando estos días liado con Góngora, en todos los sentidos como imaginaréis, salvo en el sentido que imagináis...Nos toca dar el barroco, a Quevedo y obviamente al genio cordobés. Tamaña empresa, ya en un país hispanoparlante, pensad en chicos de 16 años que tienen en esta lengua una nueva adquisición. Por fortuna, cada vez la sienten más como un refugio secreto y eso me tranquiliza, pero no me permite bajar la guardia.

Precisamente por eso esta noche he recurrido al Lenguaje y Poesía de Jorge Guillén, donde como sabéis el poeta y crítico desgrana la obra de varios pilares de nuestra literatura, y cómo no, de nuestro nasón (por esta vía podría comenzar a conquistarlos, porque aquí, en Italia, hay unos cuantos relojes de sol mal encarados). Comencé a leer con una sensación, reconozco, de página amarilla, de cartón mojado y luego evaporado, más por el cansancio de toda la semana que por la prosa del análisis de Jorge, que es indudablemente certera. Y entonces llegué a un fragmento que me dio una descarga. La sacudida fue digna de un terremoto devastador, de un movimiento subcutáneo y cardiaco pavoroso (hongo de bomba atómica, minas sepultadas, niños gritando).

Comienza Jorge hablando de la dificultad de la poesía de Góngora, como no puede ser de otra manera; es difícil, muy difícil, como dice el propio Guillén, con una trabazón tan coherente que admite un análisis muy preciso, insiste en que la poesía de Góngora es la más explicada de nuestra literatura, por su precisión y su posibilidad de análisis. Y en el momento en el que la lógica de esa afirmación me permite reencontrarme con mi autocomplacencia, el bueno de Jorge sentencia: ¿Cómo desmontar, en cambio, la poesía sencilla -sencilla hasta cierto punto- si no ofrece artificio desmontable?...

Movimiento de tierras, falta de oxígeno, gas mostaza en mis pulmones, mi corazón de viaje y en un concierto de cuencos tibetanos, luz y masa oscura se convierten en inspiración y aspiración. Vuelvo en mí y pienso en lo sencillo escueto y en lo sencillo extenso, en un páramo, en Whitman cantándose así mismo, en Alberto Caeiro preguntándole al guardador de rebaños, en la exactitud de Pizarnik en su dolor, en el sintagma degradante tren, en la belleza de un traveling de minutos en el que apenas sucede nada y pasa todo. Me quedo inmóvil sin saber dónde está mi discurso, si en el desierto de los que, como San Juan, no encuentran consuelo ni arma en las palabras, o en el pórtico sinuoso y brillante de los que creen en la magia del verbo.

Dejo el libro a un lado de la cama, todavía no hay nadie conmigo, se oye un debate televisivo desde el salón, un mechero que enciende un cigarrillo, intuyo que mover un pie debajo de la manta será como declarar la derrota de las palabras, dada mi inmovilidad y rigidez anterior. Lo muevo para declarar la vida a pesar de todo, el gato se abalanza sobre él, le dejo jugar, y yo asustado me duermo.



                                       tocata y fuga

                                       fuga y tocata


Imágenes: Matías Miguel Clemente

Giorgio Caproni

Después de reflexionar acerca de mi necesidad de dar otra vez vida a este espacio, y después de terminar de aclimatarme a Turín...de nuevo, me siento para iniciar una nueva serie de entradas de las que no sabría adelantar absolutamente nada. Si bien, me atrevo a decir que servirán para ofrecer, como he podido intentar mientras ha funcionado, las perlas que me voy encontrando por el camino.

Para re-comenzar os dejo un poema de Giorgio Caproni, a través de la traducción que ha realizado Juan Carlos Reche y Juan Antonio Bernier editada en Pre-Textos y que le ha supuesto al primero el Premio nazionale per la Traduzione. Caproni es un poeta cantor, es decir, de aquellos poetas músicos que reflejaron en su poesía la necesidad de ritmo y sonoridad que también transmitieron en su intimidad. Poeta de Livorno amado y querido por coetáneos como Pasolini, Bertolucci o Luzzi.
os dejo este poema que pertenece al libro Il muro della terra.



All'alba
 
Eran costretti, tutti,
a seguir lui, il solo
che avesse una lanterna.
                                      Ma all'alba,
tutti, si sono dileguati
come fa la nebbia. Tutti.
Chi qua, chi là.

(C’è anche chi ha preso,
pare, una strada falsa.
Chi è precipitato. È facile.)

Oh libertà, libertà.

                                                 (Il muro della terra, 1975) 


Al alba

Estaban obligados, todos,
a seguirle a él, el único
que tenía una linterna.
                                    Pero al alba,
todos se esfumaron
como la niebla. Todos.
Unos aquí, otros allá.

(Algunos tomaron,
parece, un camino equivocado.
Los hay que se precipitaron. Es fácil.)

Oh libertad, libertad.

                                                 (El muro de la tierra, 1975)

Traducción de Juan Carlos Reche y Juan Antonio Bernier. Poesía Escogida, Giorgio Caproni. Pre-textos. 2012.

Ilustro con una fotaza de Javier dela Fuente, que nos mandó para Fractal 2.0 y que me vino a la mente en cuanto leí el poema. 



Bienvenidos de nuevo aquellos que nunca os fuisteis.

Spoon River


Edgar Lee Masters, un abogado laboralista que, probablemente harto de ver pasar por sus oficinas a cientos de personas oprimidas, vapuleadas por los contratos laborales, vejadas por una América que bullía como la gaseosa por sus incipientes industrias y su descarnado clasicismo, optó por divertirse con la poesía allá por el año 1915. Sin ser muy consciente de lo que hacía se dedicó a recoger nombres de los cementerios de algunas poblaciones rurales cercanas al Río Spoon, y así, con esas personalidades encerradas en un nombre comenzó a hacer uno de los mejores ejercicios de otredad que existen. Desazón, venganzas, declaraciones, obsesiones nunca confesadas, miedos, amores ocultos... Es el libro de poesía más leído en la historia de los Estados Unidos. A mí personalmente me parece maravilloso. 


 
REUBEN PANTIER

Mire, Emily Sparks, sus oraciones no fueron en vano,
su amor no fue del todo inútil.
Lo que haya sido en la vida se lo debo
a sus esperanzas de que yo no me rindiera,
a su amor que me seguía viendo tan bueno.
Querida Emily Sparks, voy a contarle mi historia.
Paso por alto los estragos que me causaron mis padres.
La hija de la sombrerera me metió en un lío
y me marché a recorrer mundo.
Sufrí todo peligro relacionado
con el vino, las mujeres y los placeres de la vida.
Una noche, en una habitación de la Rue de Rivoli,
bebiendo una botella de vino con una puta de ojos negros,
se me llenaron los ojos de lágrimas.
Ella creyó que eran de amor y me sonreía
pensando que me había enamorado de ella.
Pero mi alma estaba a tres mil millas de aquí,
en aquellos días en que usted enseñaba en Spoon River.
Precisamente porque ya no podría quererme más,
ni rezar por mí, ni escribirme más cartas,
habló por usted el silencio eterno.
Y la puta de ojos negros creyó que eran por ella,
como los besos falsos que le di.
No sé cómo, pero desde aquel instante, lo vi todo distinto.
¡Mi querida Emily Sparks!


http://1.bp.blogspot.com/_s4rCwuZ8lHA/S7GAX046sgI/AAAAAAAAAEw/wfEKAnV8UBg/s1600/artwork_images_759_464072_william-eggleston.jpg


EMILY SPARKS

¿Dónde está mi niño, mi pequeño?
¿En qué rincón del mundo?
El niño que yo más quería de toda la escuela...
Yo, la maestra, la vieja solterona de corazón virgen,
que a todos ellos hice mis hijos.
¿Conocía de verdad a mi niño
al pensar que era de espíritu indomable,
inquieto, siempre con algo en mente?
Oh, pequeño, pequeño, por quien recé y recé
tantas noches en vela,
¿te acuerdas de la carta que te escribí
sobre el maravilloso amor de Cristo?
La recibieras o no,
mi niño, dondequiera que estés,
lucha por la salvación de tu alma,
que el barro, la escoria que llevas dentro
ceda ante el fuego que hay en ti,
hasta que el fuego sólo sea luz...

¡Sólo luz!


Spoon River, Edgar Lee Masters. Traducción, prólogo y notas de Jaime Priede. Bartleby Editores 2012.
Fotografía de William Eggleston


Fotopoesía. Virginia Caro-Ana Santos



Ya hemos recogido las obras que han estado expuestas en el Museo Provincial de Albacete por motivo de nuestro Festival Fractal. Y ahora nos gustaría que más gente pudiese disfrutar de las excelentes obras que han estado allí recibiendo el cariño y la admiración de los que nos habéis ayudado y nos habéis animado con vuestra presencia.

Iré colgando en el blog las diferentes obras que han propuesto los fotógrafos y de las que nuestros poetas han realizado su trabajo. Comienzo este periplo por la fotografía de la artista Virginia Caro, a la que ha puesto  poema la poeta y editora Ana Santos.







Jaula

Jaula es una palabra difícil,
por eso no hablaré del pájaro,
ni del dolor,
tampoco de la libertad.

No hablaré de la memoria,
o del alambre metálico,
tampoco de la invisible figura del ave.

Dejaré sin plumas este testimonio transparente
y hablaré de Ella:
            la que sustenta
            la que interroga
            la que viste de blanco como una diosa
[diosa que ofrece y nutre]

Hablaré de Ella o Ella hablará a través de mí.
Para dejar atrás el interior, el símbolo, el frío metal.

Ella, diosa blanca, me robará la voz
y en una oscura lengua nos enseñará a cultivar el silencio

el silencio

cultivar el silencio Ella en el lugar exacto

silencio Ella

cultivar el silencio en el lugar exacto de la mirada.

Ella

diosa blanca que nos sustenta.


Poema: Ana Santos Payán       Fotografía: Virginia Caro

Sevilla Este. Pablo García Casado

Imagen: Matías Miguel Clemente

El otro día encontré esto. Iba a sacar dinero del cajero automático y no pude dejar de pensar en el poemazo de Pablo García Casado. Imaginaba a un hombre arrodillado pidiendo clemencia y olvidando los restos de su amor propio ante el totem. Uno de los mejores libros que he podido leer en muchos años. Siento ser así de vehemente pero lo merece.




Sevilla Este

Es un hombre que camina solo por el barrio. Un martes por la mañana a la hora en que los demás trabajan. Que mira su teléfono móvil comprobando que funciona correctamente, que tiene suficiente batería y cobertura. Que todavía puede controlar la situación. Es un hombre a la espera de noticias, que ha salido de casa porque necesita pensar, pensar en algo. Su mujer lo mira desde el balcón con el niño en brazos, el camisón deja entrever los pechos caídos de la maternidad. Pechos una vez de brillantina, la locura de la sala de fiestas, todos esos hombres y sólo tú, con tu cara de pájaro. Ven aquí, voy a llevarte lejos de este infierno, tengo negocios. El mismo hombre que hoy se arrodilla en el cajero automático y que suplica entre lágrimas, perdónanos, Señor, perdónanos.



Pablo García Casado. Dinero. DVD Ediciones.

Orden

Imagen: Matías Miguel Clemente


Poner orden en todo esto, defenderse, drenar. Dreno tiene las mismas letras que orden, pero desordenadas. 

Imagen: Matías Miguel Clemente


Cada cual se lame las heridas como puede o sabe.

Coincidencias

Felices coincidencias creadas en mi mente. Uniones subjetivas. Mundos extemporáneamente-compartidos.



 Horacio Coppola



 
Matías Miguel Clemente (Mazarrón)



Horacio Coppola 



 Matías Miguel Clemente (Budapest)

Carta abierta a Sergio Gaspar



A Sergio Gaspar y a los que habéis luchado tanto:

Cuántos habrán escrito un correo diciendo de corazón que el cierre de la editorial es una pésima noticia, imagino que cientos.  Y es que ante esta noticia no se puede hacer otra cosa que lamentar el mundo en el que vivimos. Más allá de ese lamento lo primero que pensé fue en reposar una respuesta, no hacer lo que me dictaba el corazón y la rabia que era escribirte inmediatamente para que sintieras mi rabia como si de alguna manera eso fuera un consuelo. Me senté entonces y pensé en el concepto de estar a la altura, sí, de estar y comportarse como merecía esta noticia y la memoria me llevó inmediatamente a un punto que está marcado con más de una muesca en mi vida, un momento en el que también tuve la ansiedad y la necesidad de estar a la altura, y fue precisamente cuando supe que formaría parte de la colección. Un torrente de responsabilidad me inundó, estaba realmente conmocionado por la necesidad de saber pertenecer a DVD. ¿Por qué? Porque se trataba y se trata de la colección de poesía que más ha dado a la poesía española en los últimos 20 años, porque había descubierto la poesía que se estaba haciendo en mis días gracias a ella, porque era un sueño  ¿Recuerdas que te mandé hasta el diseño de portada? La gente hablaba de Sergio Gaspar y de la editorial DVD como del Parnaso recién reabierto, como ese local que no conociste por tu juventud pero que abre de nuevo sus puertas y están aquellos a los que admiras abriendo ventanas con polvo y mugre para que entre el sol. Sentí esa necesidad de estar a la altura porque estaba representando, no sólo a mi obra, sino a una idea global en la que creía a pies juntillas, una idea que ponía por delante la novedad, la inquietud, la irreverencia, la alternativa. Una idea que ¿cómo no? arrastraba también el peso del mercado, pero que no se le notaba porque detrás de la editorial había una mano de poeta pulsando las rancias teclas de la calculadora.

Mis estanterías están llenas de libros blancos que he comprado casi sin pensar porque sabía que todo lo que encontrara tendría ese sabor dulce y amargo de la novedad, ese resplandor que da lo fresco: Pablo, García Román, Cañizares, Elena, Alejandra, Miriam, Portela, Santamaría, Raúl (Quinto y Alonso), Juanma Gil, Suñén, Lucas, Alzamora, mi queridísimo Carlos Fernández y tú mismo... Bukowski, Graham, Simic, Rilke, Bernhard, Pasolini, Llull...Martí i Pol, Fonollosa...puff, tantos y tantos. Muchas veces pienso en si en ese momento estuve a la altura y en si supe hacer aquello que nos has dicho a todos: Hay que luchar. Sí sé que pertenecí y pertenezco a la colección DVD de la mejor manera que supe y que sé, siguiendo con la idea de que la poesía debe rescatar al hombre desde la novedad, desde la rabia y la inconsciencia de la juventud permanente que nos visita, escribiendo como me pide la entraña, lejos de estilismos preconcebidos y hechos al calor del saldo y el mercado. Así lo hago desde que cogí Las Afueras de Pablo como primer libro de DVD que cayera en mis manos.

Ahora, la manera en la que creo que personalmente voy a estar a la altura no es decirte la obviedad de que esta noticia es así o asá, sino celebrar todo lo que has y habéis hecho, celebrar que la poesía ha estado cómoda con vosotros (Mestre nos contó en una ocasión que la poesía -ella le da audiencia muchas veces- huye con facilidad ante muchas cosas). Celebrar que habéis luchado, mucho, porque eso hay que celebrarlo siempre, porque toda lucha provoca un humo y el olor de ese humo no se olvida. Y sobre todo celebrar que me diste la oportunidad de luchar por la poesía en la que creemos. 

Gracias DVD y gracias Sergio.

ocupación

no quiero ocuparme más de todo esto porque es llenar de empeño
los espacios alimentar las grietas hambrientas de mi cuerpo
desposeerme del silencio en el que a veces insisto y reproduzco
como olas en una estación abandonada antes de un tsunami

no ocuparme más de mí puede ser la mejor manera de decir
a tientas que el trabajo mata a los hombres y que razonar
es lo que hace de un cuervo un pájaro odioso

que la base de todas mis acciones es un bunker enfermo y ocupado
como fue ocupada la plaza que dejó el padre de hamlet
o como fueron ocupados los nombres de algunos lugares
de la tierra como fue ocupado el cuerpo de friedrich aquí al lado
por un ente que le dijo antes de poseerlo que dejara el empeño y no
se ocupara más

                                                                                          ocupación

La Adoración. Capítulo 4

 Imagen: Matías Miguel Clemente. Alba (Piamonte).



Sí, la infancia, ¿pero por qué?¿Qué tenías tú que ver con ella?
No ser tiempo, me dije. También la infancia crece iluminándose
y, si juráramos haber seguido sus huellas sin perder la cuenta,
una a una, nos habría conducido a un palacio iluminado donde
celebrar siempre su victoria. También la infancia fue vivida y no
tuvo un final. Igual que tú, prometió algo que no coincidia con
la vida. ¿Y se fue?¿Y te fuiste?

De La Adoración. Capítulo 4. Desde que somos un diálogo.
Juan Andrés García Román.
Sólo este fragmento me ha dado más que luz que todo un verano.

Immondizia

Imagen: Matías Miguel Clemente. Oporto.



Immondizia significa en italiano basura, también en español, pero no lo contemplamos como uso generalizado. Al principio, siempre que lo oigo, me resulta divertido, pero después me produce una sensación aspaventosa. Acabo de llegar del mercado que hay en Via Madama Cristina, en el barrio de San Salvario, de comprar basílico y hierbas para ensalada. Es un mercado ordenado, silencioso, incluso limpio, nada que ver con la algarabía de Porta Palazzo, nada que ver con los colores que se esconden bajo los toldos rojos y sobre las pieles de los mercaderes, nada que ver con los cantos disfrazados de plegaria y oferta "DAI!!! SIGNORA!!!DAI!!!...Y nada que ver con su estructura casi sinérgica que te hace dar vueltas y vueltas y parecer la partícula de dios perdida en un espacio móvil. Si comparamos se compra más barato en Porta Palazzo y además ahí sí hay cosas que ver, los sábados por ejemplo sucede otro fenómeno: el Balon. Mientras sucede la magia del mercado diario en Piazza della Repubblica, donde actúa el circo de Porta Palazzo, un poco más abajo, casi pegado y cerca del río Dora, o la Dora, hay un mercado de cacharros, a secas. En el Balon se trapichea, se vende lo que ya nadie quiere a este lado más cercano al Po, las cosas inútiles, inservibles, desfasadas. Sobre una sábana blanca como la que refleja el cuerpo de cristo a unos metros (no exagero) los vendedores colocan sus trastos inútiles ocupando la explanada que hay bajo Piazza della Repubblica. Zapatos, zapatos sueltos, llaveros, llaves sueltas, herramientas, herramientas rotas, bicicletas robadas, bicicletas robadas rotas, todo un catálogo de tecnología obsoleta y hierro valiosísimo para que ese circuito siga funcionando, para que lo que aún es mondizia pueda ofrecer algo que llevarse a la boca a quien lo encuentre o lo trueque. Y así, desde Madama Cristina, hasta Porta Palazzo, y hasta que por fin llegamos al Balon, recorremos el camino que recorren las cosas útiles hasta que se convierten en basura, en immondizia. Pero aún, cuando termina el Balon y la explanada está vacía de vendedores, aún en ese momento un ejército de gente desprovista de todo lucha contra los agentes de limpieza para rescatar la immondizia. Cuando los servicios del Comune activan sus mangueras aún hay gente disputando una tela, un plástico con forma de elefante, un zapato, una llave inglesa.

Eso hemos hecho, hacer de lo que ya no es de este mundo, de lo que es inmundo, algo valioso. Eso estamos construyendo, un mundo para los que usamos lo del mundo, y otro para los que se ven obligados a convertir nuestra inmondizia en su propio mundo. Así, nosotros recorremos los estadios que recorren los objetos, a veces con la certeza de pagar más de la cuenta, y otras veces con la curiosidad de ver dónde acaba aquello que ya no quisimos y por lo que no pagaríamos nada; pero ya, hasta ahí llegamos, ahí acaba nuestro viaje, donde para nosotros, que estamos a este lado, empieza la basura.

Imagen: Matías Miguel Clemente. Vista parcial del Balon.

Cuando pienso en América

Imagen: William Eggleston


Cuando pienso en América e inmediatamente suena una música que mezcla la voz de Thom Yorke con la de Don McLean me veo detrás de esta foto. Cuando pienso en América y veo a Coupland saliendo de unos grandes almacenes con una bolsa a cada lado, me veo detrás de esta foto. Cuando pienso en Travis atravesando el puente para ir a recoger a su hijo, me veo detrás de esta foto. Cuando pienso en algún chaval larguirucho vistiendo un pantalón de paño con tirantes y leyendo a Whitman, me veo detrás de esta foto. Cuando pienso en Carver, en Ferlinghetti, en Kerouac, me veo detrás de esta foto. Cuando veo la tarde rojiza pienso cómo será en América y me veo detrás de esta foto. Cuando veo una autocaravana de feriantes oxidada que reza "Las Vegas", me veo detrás de esta foto. Cuando leo El mapa de América de Pablo García Casado, o This is your home now de Mercedes Díaz Villarías, me veo detrás de esta foto. Cuando pienso en por qué me compré una cámara de fotos, me veo detrás de esta foto. Cuando pienso en si me gustaría ir a América intuyo inmediatamente que es para hacer esta foto. Cuando veo esta foto me veo preguntando quién está detrás, cómo ha sabido lo que había que hacer. Cuando he visto esta foto me he dado cuenta de las vueltas que he dado. Cuando me he visto en esta foto me he dado cuenta de hasta qué punto estoy metido y de que por mucho que conduzca ya nunca voy a salir. Hallelujah…

Oferta de empleo. Juan Bonilla.

Imagen: Matías Miguel Clemente. Torino.


Buen día para recordar este irónico poema:

OFERTA DE EMPLEO

Preciso señorita de ojos negros,
melena negra derramada en cascada por la espalda,
uno setenta y tres de altura,
estudiante de cuarto de Arquitectura,
domiciliada en Vía Layetana, 17, octavo C, Barcelona,
su teléfono ha de ser el 93 3 45 67 81.

Imprescindible que haya leído tres veces
La Gran Eulalia de Paolo Capriolo
y que cumpla años ( 24 esta primavera)
el 17 de abril.

Se ha de llamar Marta Trullols Aymé.
Se le propone salir a tomar algo
(aunque no sea en serio).

Interesadas llamar al 93 4 53 17 04.

Absténganse quienes incumplan uno solo
de todos estos requisitos.

de Juan Bonilla

Ventimiglia, regno dei bambini.

Imágenes: Matías Miguel Clemente (Ventimiglia)

Calcio I

Calcio II

Calogero in fraganti


Calogero si fuga


Eleonora sta puliendo


Jacopo e Mirko ritornando a casa sua

Hopper a Genova

Edward Hopper: Morning sun.


En Génova, en el Palacio Ducal, nos hemos encontrado con una maravillosa exposición que con la excusa del viaje reunía una buena muestra de la obra de Van Gogh, de Gauguin, de Turner, un Rothko, varios Kandinsky y de este señor del cual rescato este archiconocido cuadro. Encontrar esta exposición ha sido de lo más reconfortante y valioso que me ha pasado últimamente, por muchos motivos, el primero de ellos porque por fin he hecho cola en Italia durante una hora para algo que realmente me apetecía, y los demás motivos son tan intangibles que los expongo utilizando una sola palabra: hambre. Después de pasar casi una semana entera metido en casa con una bronquitis tenía la necesidad de devorar (la noche anterior hubo sed, la sacié y ahora tocaba lo que tocaba).

Me encanta Hopper, y creo que en mí es una rareza, pero me encanta la lucha que establece entre las luces artificiales y las naturales, cómo elimina del ser al ser y cómo dota de ser al no ser, a la esquina, a la pared, a los pies de una cama... Este cuadro concretamente siempre me ha fascinado. Lo he encontrado en una sala minúscula en la que había infinidad de gente observando unos lienzos de Turner y escuchando una grabación en las audioguías, con lo que era difícil que se percataran de que intentaba cruzar la sala para encontrarme con el Hopper que estaba, casualmente, solo bajo esa luz que le impone la sala y que le confieren los visitantes al pasar por delante del cuadro. Como digo, desde la entrada lo vi entre los numerosos hombros y troncos que se rozaban sin hablarse y que permanecían fieles a la grabación sonora de la vida y obra de los otros pintores. Al desplazarme como pude hasta el cuadro medité por dónde entraría si tuviera que hacerlo, si tuviera que comunicar algo a Jo, quiero decir, si debería entrar, dado el caso, por la ventana, que es por donde entra esa explosión de luz que ciega las piernas de la mujer, pero pensé que no, ya que ella no es capaz de ver ni tan siquiera la luz, menos aún la ventana, está tan ensimismada que podría entrar un cohete por ella y no lo notaría, entonces pensé, ya delante del cuadro, que seguramente sería más fácil despertarla del sueño consciente desde la puerta que debe existir justo donde estoy ahora, y que ha debido de ser cerrada hace muy poco tiempo, ya que las manos, los pies y la cara de esta mujer revelan cierto calor, existe un tono rojizo que invita a pensar que su ritmo cardiaco hace poco tiempo era elevado. Precisamente esta es una de esas cosas que me atraen de Hopper, esa especie de sexualidad latente que emerge de los cuerpos y las posturas de los individuos, posturas de abandono, de vergüenza, de litigio, de mercadería, de ultimatum, de soledad en definitiva, como en Summer evening. Por tanto sé que de entrar lo haría por ahí y me habría cruzado seguramente a un tipo con un traje verde oscuro y un sombrero marrón en la mano por una escalera con barandilla de madera, bajando con cierta prisa y pisando un escalón por paso, con las puntas de unos zapatos negros y sucios.

Forzaría la entrada, con cuidado, con una tarjeta, sé hacerlo, y además esta puerta sería antigua, ya que este cuadro está pintado en 1952, con lo cual no sería difícil introducir la tarjeta y dar un pequeño golpe a la puerta para asomar la cabeza y cerrar un poco los ojos debido a la luz en la cara. Pero pensándolo bien, tan solo podría sentarme a su lado y mirar hacia abajo, como otro ser aislado más, como la chica de la habitación de hotel.

Por tanto, abandoné la idea y abandoné a Jo, mujer de Edward y modelo en casi todos sus cuadros, y me dejé llevar junto al resto de los visitantes por el orden que indicaba cada una de las salas, pasando por delante de algunas otras obras que merecieron una atención especial, sin embargo no pude dejar de detenerme ante una de las vigilantes de la muestra; dejé de seguir a cualquiera y dejé de mirar hacia las paredes y hacia las vitrinas que mostraban, como seres aún vivos y solitarios, cartas y manuscritos de algunos pintores, para fijarme sólo en la escena que tenía delante, era como si estuviera viendo de nuevo a Jo, a la mujer de Hopper, pero ahora en la realidad, inmersa en nuestro mundo, iluminada por una luz artificial como las de sus cuadros, rodeada, inmensamente rodeada de gente, más, monstruosamente rodeada de gente, pero categóricamente sola y lejana de cualquier punto de luz, de silencio, de geometría, de artificio, y desde luego de metafísica. Estaba viendo otro Hopper, estaba ante la constatación de que las paredes que descubren sus cuadros no existen, al menos aquella en la que estamos nosotros, ya que formamos parte del silencio del mundo, de todo el mundo, cuando callamos, cuando no levantamos la voz, somos parte de la quietud, cuando no movemos un dedo, y somos desde luego, la fuente de la metafísica con la que analizamos cada poema, cada libro, cada cuadro y cada sombra que producimos. Me hice ver a mí mismo que somos parte de la nada cuando no esperamos nada, y que todo aquello de lo que queremos participar está ya dentro esperando a que le dé la luz necesaria. Este es el Hopper que vi representado New York Movie.