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Spoon River


Edgar Lee Masters, un abogado laboralista que, probablemente harto de ver pasar por sus oficinas a cientos de personas oprimidas, vapuleadas por los contratos laborales, vejadas por una América que bullía como la gaseosa por sus incipientes industrias y su descarnado clasicismo, optó por divertirse con la poesía allá por el año 1915. Sin ser muy consciente de lo que hacía se dedicó a recoger nombres de los cementerios de algunas poblaciones rurales cercanas al Río Spoon, y así, con esas personalidades encerradas en un nombre comenzó a hacer uno de los mejores ejercicios de otredad que existen. Desazón, venganzas, declaraciones, obsesiones nunca confesadas, miedos, amores ocultos... Es el libro de poesía más leído en la historia de los Estados Unidos. A mí personalmente me parece maravilloso. 


 
REUBEN PANTIER

Mire, Emily Sparks, sus oraciones no fueron en vano,
su amor no fue del todo inútil.
Lo que haya sido en la vida se lo debo
a sus esperanzas de que yo no me rindiera,
a su amor que me seguía viendo tan bueno.
Querida Emily Sparks, voy a contarle mi historia.
Paso por alto los estragos que me causaron mis padres.
La hija de la sombrerera me metió en un lío
y me marché a recorrer mundo.
Sufrí todo peligro relacionado
con el vino, las mujeres y los placeres de la vida.
Una noche, en una habitación de la Rue de Rivoli,
bebiendo una botella de vino con una puta de ojos negros,
se me llenaron los ojos de lágrimas.
Ella creyó que eran de amor y me sonreía
pensando que me había enamorado de ella.
Pero mi alma estaba a tres mil millas de aquí,
en aquellos días en que usted enseñaba en Spoon River.
Precisamente porque ya no podría quererme más,
ni rezar por mí, ni escribirme más cartas,
habló por usted el silencio eterno.
Y la puta de ojos negros creyó que eran por ella,
como los besos falsos que le di.
No sé cómo, pero desde aquel instante, lo vi todo distinto.
¡Mi querida Emily Sparks!


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EMILY SPARKS

¿Dónde está mi niño, mi pequeño?
¿En qué rincón del mundo?
El niño que yo más quería de toda la escuela...
Yo, la maestra, la vieja solterona de corazón virgen,
que a todos ellos hice mis hijos.
¿Conocía de verdad a mi niño
al pensar que era de espíritu indomable,
inquieto, siempre con algo en mente?
Oh, pequeño, pequeño, por quien recé y recé
tantas noches en vela,
¿te acuerdas de la carta que te escribí
sobre el maravilloso amor de Cristo?
La recibieras o no,
mi niño, dondequiera que estés,
lucha por la salvación de tu alma,
que el barro, la escoria que llevas dentro
ceda ante el fuego que hay en ti,
hasta que el fuego sólo sea luz...

¡Sólo luz!


Spoon River, Edgar Lee Masters. Traducción, prólogo y notas de Jaime Priede. Bartleby Editores 2012.
Fotografía de William Eggleston